viernes, 10 de octubre de 2008

Duendecillos

Me despiertan esos duendecillos
sacados de las más dulces soñadas tinieblas,
se apoderan de mi cuerpo
y provocan el desastre reconocido
aporrean a izquierda y a derecha,
bajo la cabeza y hago el intento de ampararme
y en un instante atrevido puedo ver sus sarcásticas sonrisas.
Que alguien berree himnos victoriosos y de valor
que alguien sustente la gracia del guerrero,
del que delibera en la locura del vivir y medita su dolor.


***


A veces pienso desoladamente
Que es en la vida misma
Es en su limpia página
Donde se me derrama el borrón de la muerte
Pero miro allá abajo
Donde luce el frescor recién vertido
En el cuenco frugal de la mañana
A los perros nerviosamente alegres
Que en mi lugar y en nombre mío
Retozan entre sí
Tan exhibicionistamente vivos
Y sé que hay todavía cosas
Que hay que aprender a poner en su sitio.

21 sep 08 - Tomás Segovia

4 guiños:

Nima dijo...

eso ha sido el vino! es tomarlo.. y aparecen duendecillos por todas partes

Guinda de Plata dijo...

Quería pasarme por aquí (apenas tengo tiempo para hacerlo, por eso me ves poco), para darte un fuerte beso en esa cabecita llena de historias y sentimientos.

Eres única, no cambies, tesoro.

B. :o)

Carome dijo...

Duendecillos = bichos

Un poco de insecticida y listo.

Muack

Rebeca dijo...

Me encantan los duendecillos, aunque a veces te desesperan con sus pequeños actos de malícia.

Tu poema me ha parecido precioso, a veces uno se pregunta qué es la vida, pero luego mira las pequeñas cosas del mundo y encuentra que hay algo maravilloso en ello.