miércoles, 21 de diciembre de 2011
Quizás Navidad....
domingo, 27 de noviembre de 2011
Descubriendo gente
Tú, que apareces en un momento tan inesperado como adecuado.
Tú, que me inspiras cercanía, complicidad, confianza y familiaridad.
Que te acercaste a mí con ojos curiosos, serenos y una sonrisa cálida.
Tú, que me muestras poco a poco tu vida y me incluyes en ella.
Tú, que has llegado a mí, y vas entrando poco a poco.
Tú, que consigues que me apetezca contarte mi vida, recuperando un tiempo perdido en el que no te conocía.
A ti, que se que estás aquí leyendo pedazos de mi historia, quiero decirte que me apetece conocerte, escucharte, saber que hay detrás de las letras que escribes.
Quiero decirte que estoy aquí, quiero compartir tus proyectos, tus deseos, tus preocupaciones, tu día a día.
Compartimos más que una historia, que una búsqueda.
Compartimos deseos e ilusiones.
Ahora que has entrado, que has aparecido, no te vayas.
Por favor….no te vayas.
(A dos sorpresas muy gratas)
martes, 15 de noviembre de 2011
Dulce e inocente infancia
Abril tiene poco más de 7 años. Juega sola en su habitación. Dibuja, colorea con empeño sus fantasías. Inocente y absorta de un mundo cruel. Tiene lo que todo niño debe tener.
Abril a veces siente que ella debe dar más que el resto para que la quieran del todo. No sabe que el querer no tiene cantidad. Se siente querida, pero el más o menos lo respira al salir a la calle y pasear. Es observadora, sensible y tiene muchas ganas de aprender, por eso escucha y se pregunta todo lo que sucede a su alrededor. Es por eso que cuando recibe que a ella la quieren menos por ser adoptada, siente que debe hacer algo, algo más. Se pregunta si tiene la culpa, y aunque sabe que no, con rabia llora porque cree que si es menos querida tiene que hacer algo más para llegar a que la quieran como a los demás.
Abril no se imagina como llegará a marcar su vida lo que ahora queda grabado a fuego en su corazón. No se da cuenta de que lo que recibe de fuera condicionará su futuro, lo que vivirá.
Después lo entenderá, claro que podrá comprender, pero será tarde para borrar heridas añadidas innecesarias.
Abril ha tenido que luchar consigo misma para entender un mundo injusto y no atacar a los demás. A veces aun tiene que esforzarse para pensar que en el amor no hay medidas, está o no está. Ha aprendido y sigue aprendiendo, pero lo que abre una brecha en su infancia no lo olvidará. Por mucho que entienda, por mucho que aprenda, por mucho que luche, nunca lo olvidará.
Gracias Vodafone:martes, 18 de octubre de 2011
Queda menos para uno más
Queda menos para uno más.
¿Te acordarás de mi mañana?
¿Y tú, dónde estarás?
Esta noche he tenido frío.
Me acordaré de ti esta madrugada.
martes, 4 de octubre de 2011
Me apetece...

escribir palabras con miradas que no se desvanecen.
Me apetece arrancar el mañana del calendario,
saboreando hoy el fuego de tus labios con sabor a miel.
Me apetece jugar al escondite con el deseo disimulado,
robar tu sonrisa para que esta sea eterna.
Me apetecen la infinidad de tus caricias,
tu cuello, tu espalda, tu boca y tu olor.
Me apetece desgarrar mi alma en mil pedazos
para que nuestras gotas de sangre se reúnan.
Me apetece ser una extensión de tus dedos,
confundirme en la lentitud de tus movimientos,
perderme en la aceleración de tu ardor,
para después dormirme con tu calor.
jueves, 11 de agosto de 2011
Casi 36

lunes, 11 de julio de 2011
Duele menos
Se encuentra tumbada en su cama, despierta, con los ojos cerrados. Los abre con esfuerzo y los vuelve a cerrar. No quiere despertar. No quiere pensar. No quiere respirar. Hay que levantarse, pero prefiere especular en que el día no existe. Aprieta los ojos como si con eso consiguiera dormirse de nuevo. Es en vano. Se abandona al recuerdo de cómo empezó todo.
Recuerda la llamada de su madre dándole la noticia. Se quedó con el auricular en la mano sentada en el sofá. Empezaba una lucha que sin saberlo, nunca terminará. Para ella no. Quiso entender lo que significaba, pero en realidad, nunca lo aceptó.

Da igual los años que hayan pasado, podría decir que dos, o cinco o diez. Tiene que pararse a pensar y tener el valor para contarlos, pero de que servirá. El tiempo pasa y no cura la herida. El tiempo pasa y no perdona las imágenes vividas. Sin embargo parece que sea otra quien lo ha vivido.
Recuerda como él se acercó a abrazarla y ella se puso tensa, le rechazó. Con ese abrazo se sentía pequeña, sentía volver a su infancia, y no podía. Demasiado duro pensar que se iba. Mejor rechazar, mejor negar. Y en esa media negación sigue instalada. Aun se pregunta cómo pudo sobrevivir a su marcha con esa tranquilidad. Ahora, después del tiempo, sabe que lo duro llegó después. Sobrevive creando, en su mente, una película de la que participa sin sentirse la protagonista.
Cierra los ojos y el tráiler vuelve a pasar. Imágenes congeladas. Frías. Distantes. Y de todas ellas tiene una predilecta. Se recrea en ella de vez en cuando. Le gusta entretenerse en ese fragmento en el que están en el hospital. Los dos solos en la habitación blanca. Él se encuentra postrado en su cama con los ojos cerrados. Ella de pie a su lado, mirándole fijamente, contando su respiración y esperando a que deje de respirar. No hay nadie más, nadie observa la acción: ella en un acto reflejo levanta la sábana y se coloca a su lado. Tumbada, cierra los ojos e intenta dejar de respirar.
Y a ese juego con cierta insensibilidad juega durante años. Es la forma macabra que tiene de celebrar ese “aniversario”.
miércoles, 8 de junio de 2011
Entre tu y yo

lunes, 30 de mayo de 2011
Amiga
jueves, 5 de mayo de 2011
Noche de viernes
Llega el final de la semana y con ello el esperado, el deseado viernes.
Planes de los que solo se sabe el inicio pero no el final. El protagonista como siempre será la improvisación.
Es noche de viernes, llegas a casa pensando en una ducha, enfundarte en unos vaqueros ajustados negros, el color de la oscuridad, y las botas que impiden los pisotones de turno. Camiseta de tirantes, para cuando la temperatura empiece a subir. Sonrisa abierta y a la calle a beberte de un sorbo lo que te ofrezca la noche.
Primera copa, conversación, risas, desinhibición y desconexión. Piensas que tienes una doble personalidad, o una doble vida, la responsable, seria y controlada de la semana y la locura que te invade poco a poco en esas noches de los fines de semana. A la segunda copa el cuerpo empieza a moverse y necesitas dejarlo a su aire, no reprimirlo ni un segundo más.
Buscas el local adecuado y qué más da cuando entras si está lleno o vacío, si la gente te mira o está a lo suyo, simplemente te sientes la reina de la pista. Has empezado discretamente y ahora como una posesa ya no puedes parar de bailar.
Saltas, giras, cantas…o más bien gritas…y así horas y horas sin parar.
Y en esos momentos que más da todo. Solo tienes algo en mente, dejarte llevar hasta que la noche de paso al día, te echen del local y tu cuerpo exhausto pueda dormir en paz.
martes, 5 de abril de 2011
Sueños
Levantarme a media noche para fotografiar un amanecer. Mojarme las zapatillas y los pantalones para conseguir inmortalizar un momento determinado. Sentir la paz de la marea mientras contemplo rincones del mundo.
viernes, 18 de marzo de 2011
Mi eterna tarea pendiente

jueves, 27 de enero de 2011
Recordatorio

martes, 11 de enero de 2011
El vestido rojo o formas de desahogarse.
La música se oye en toda la casa. Parece que grita en las paredes. Ella quiere dejarse llevar una vez más y bailar. Simplemente bailar. Su pelo negro vuela en el aire a cada vuelta. Los ojos enmudecen. Su sonrisa va desapareciendo sin darse cuenta. En realidad es lo que le está pasando hace tiempo. Su trabajo, su día a día, su cansancio. Sin darse cuenta está dejando que se apague su ilusión. Sigue bailando. Su cara deja de brillar para dejar paso a un gesto de dolor pesaroso. Su vestido de un rojo intenso, se mueve con suavidad a cada movimiento. Una mano se dirige a la tela seductora para arrancarla. La suavidad se viste de brusquedad. Ella disfruta del sonido que emite la tela al rasgarse. Le gusta la agresividad del acto y enloquece. Empieza a arrancar pedazos del vestido sin parar hasta que solo quedan sus restos esparcidos por el suelo. Casi desnuda se arrodilla para seguir con su obra destructiva. La rabia la llena por dentro, hasta que desahogada y desnuda empieza a llorar. A cada lágrima que se desliza, se encoge un poco más en sí misma. Sola, desnuda y recogida se queda dormida.