martes, 11 de enero de 2011

El vestido rojo o formas de desahogarse.


La música se oye en toda la casa. Parece que grita en las paredes. Ella quiere dejarse llevar una vez más y bailar. Simplemente bailar. Su pelo negro vuela en el aire a cada vuelta. Los ojos enmudecen. Su sonrisa va desapareciendo sin darse cuenta. En realidad es lo que le está pasando hace tiempo. Su trabajo, su día a día, su cansancio. Sin darse cuenta está dejando que se apague su ilusión. Sigue bailando. Su cara deja de brillar para dejar paso a un gesto de dolor pesaroso. Su vestido de un rojo intenso, se mueve con suavidad a cada movimiento. Una mano se dirige a la tela seductora para arrancarla. La suavidad se viste de brusquedad. Ella disfruta del sonido que emite la tela al rasgarse. Le gusta la agresividad del acto y enloquece. Empieza a arrancar pedazos del vestido sin parar hasta que solo quedan sus restos esparcidos por el suelo. Casi desnuda se arrodilla para seguir con su obra destructiva. La rabia la llena por dentro, hasta que desahogada y desnuda empieza a llorar. A cada lágrima que se desliza, se encoge un poco más en sí misma. Sola, desnuda y recogida se queda dormida.

2 guiños:

Camino dijo...

Desde que leí esta "historia", quería decir algo que pudiera recoger el impacto que me causó y, aunque suene socorrido, no encuentro palabras...

y qué decir del tema musical elegido.

isolda dijo...

espero que al dormirse y a traves de los suenos... reaparezca esa ilusion, aunque cambie de nombre