martes, 11 de mayo de 2010

Soñando con sus cartas



Recuerda la primera vez que su corazón se paró. Fue en ese momento cuando conoció lo que es estar en estado de shock.

Tan solo contaba con 15 o 16 años. Tan solo era una niña. Recuerda un pasillo lleno de gente llorando por una muerte. Recuerda su espalda pegada a una pared, asustada, y sin querer asomar su cabecita a la puerta a través de la cual la Madre Alicia descansaba definitivamente. Sintió pena, sintió dolor, sintió rabia. Ella esperaba el cielo a través de su mirada. Y de golpe todo esto se transformó. Su madre sin previo aviso, habló:

- Si entre las cosas de la Madre Alicia encontráis unas cartas de la madre biológica de Abril, guardadlas para ella.

Y allí sintió que todo en su cuerpo se paraba. Dejó de respirar. Su cabeza se quedó en blanco y su cuerpo se paralizó. Las palabras desaparecieron y quizá también cualquier tipo de pensamiento. No sabe ni que sintió, seguramente nada. Su garganta se cerró. Gritó sin decir nada. A partir de ese momento su corazón se hizo de cristal. No recuerda un momento igual.

Y ahora, muchos años después, desea que uno de sus sueños le sueñe a ella. Imagina a su madre desconocida, escribiendo a mano su vida: su pelo lacio y moreno se mezcla con unas lágrimas que resbalan. Y con un gesto de culpa rápido la aparta con un dedo, como si así ni ella misma se diera cuenta de su tristeza. Apenas se seca una lágrima asoma otra y, entre ellas, una de muy descarada se posa en el papel, intentando desdibujar cualquier huella de padecimiento. Quiere pensar que una vez dejado todo por escrito, todo acabará. Su herencia son esas palabras.

Ahora Abril piensa en tener esas cartas, envejecidas por el tiempo, entre sus manos. Son mucho más que palabras. Podría ver la delicadeza de un trazo. Podría ver un poco de sí misma. No soporta la idea de saber que hace más de 30 años eso fuera visible para cualquiera, y ahora ella no tiene ni acceso a ellas. No fue un sueño, fue verdad. Se repite las palabras de su madre para recordarse que no lo soñó, esto no. Agotada, por un tiempo en el que se culpaba por buscarlas, por un tiempo de silencio pasado, piensa que todo debería ser más fácil. Podría recorrer a un universo de recursos para encontrar aquello que le pertenece… ¿podría?.... ¿realmente le pertenece?....

Piensa que si ella hubiera querido que la encontrase…hubiera dejado alguna señal…

3 guiños:

Lauris dijo...

Abril, que emotivo...cuantas gritos mudos, cuantas lagrimas culpables...claro esas cartas te pertenecen por derecho, por su contenido, por amor, por despedida, por pensamiento, por nacimiento...que injusta e incomprensible es la vida...espero cogerte de la mano y apoyarte en esta muda busqueda aunque sea solo de alma. UN BESO AMIGA

Adolfo Payés dijo...

Una historia muy sentida..


Pido de ante mano disculpas por mi ausencia.. he estado mucho tiempo sin pasar a visitarte como a todos los que visito..
Espero ponerme al día con tus entradas..

Un gusto inmenso es pasar a disfrutar de tus post..
Maravillosa poesía nos acompaña siempre en tu blog..

Un abrazo
Con mis
Saludos fraternos de siempre...

Abril dijo...

Lauris, agradezco tu compañia ;)

Adolfo, no te disculpes..vuelves a estar por aquí, gracias.