viernes, 30 de abril de 2010
Boom-Boom
jueves, 22 de abril de 2010
Un pequeño regalo para mañana

Nace un nuevo día. Parece que será soleado. Aún sopla la brisa fresca de las madrugadas de primavera. Las nubes se mueven lentamente dejando paso al amanecer. Empieza la función....
Muy pronto la gente se levanta y se pone en marcha: trabajos, colegios, paseos. Pero hoy hay algo diferente. Solo quien está, quien lo vive se da cuenta y lo entiende.
Un pequeño detalle para tus personas queridas se encuentra en cada esquina. Una sonrisa permanente viste las aceras. Los colores inundan cada paso y en el ambiente se respira alegría. Cierto, esto no debería pasar solo un día al año, pero es cuando se concentra que se contagia. También creo que los regalos nunca deben ser porque “toca”, pero esos detalles simbólicos son sentimientos en entrega.
Miles de recuerdos me llegan a la memoria. Y entre ellos, evidentemente tu, siempre tu. Por muchos días, semanas, meses y años que pasen, o hago de este día mi día o sigue siendo tuyo. Me gustaría que este día ya no fuera tuyo, ni siquiera mío. Me gustaría poder hacerlo nuestro, de él, que está a mi lado, y mío. Sé que te gustaría y los dos nos lo merecemos. No me olvido de ti, sigues cada día presente. Sonreiré y disfrutaré, esté donde esté. Por ti, por mí y por él. Feliz Sant Jordi.
martes, 20 de abril de 2010
Siéntelo
Cierra tus labios y aprieta los dientes
Siente el dolor de las consecuencias de tus actos
Si, hoy, quiero venganza.
lunes, 19 de abril de 2010
Ausente

viernes, 16 de abril de 2010
Un minuto de tu tiempo
Estaba sentada en un banco del parque, mirando al horizonte y pensando en nada. Estaba pero no estaba. Parecía que simplemente esperaba que algo la sacara de su estado ensimismado.Esperaba que alguien gritara su nombre con fuerza y la hiciera reaccionar. Eso, en el silencio del espacio, en la soledad del parque, no sucedió.
De la espera de un grito llegó la dulzura del insignificante peso de una gota de agua. Muy despacio empezó a llover. Su mirada vacía se trasladó al cielo. Y las gotas empezaron a descansar en su pelo para ir recorriendo todos los rincones de su cara. No le importaba sentir su alma mojada.
Alguien de lejos la observaba. No sabía si acercarse. Contemplaba los movimientos lentos de la muchacha, y se preguntaba por qué esa mirada tan triste le hipnotizaba. Pensó en ir en su ayuda con su paraguas, pero pensó que ella disfrutaba de estar empapada. Siguió ahí quieto, pensó que solo un minuto más. Hacía frío, y aunque el olor a hierba mojada podía ser reconfortante, no entendía que le mantenía a ella en ese estado.
Podía ser que le diera igual todo, que disfrutara de un momento inesperado, que las gotas fueran cómplices de su tristeza, que esperara alguien en concreto, o simplemente que le esperara a él. Quizá. Precisamente esperaba a quien fuera capaz de dedicar un minuto de su tiempo a observarla, en silencio, y en la distancia.