Hoy he vuelto a pensar en ti.
He visto otra vez a esa muchacha guiada por su perro fiel, la misma con la que hace unos meses hicimos un trayecto juntas mientras hablábamos. La he observado de lejos durante un buen rato. Confiaba en sus instintos, en sus sentidos, agudizando la escucha. Se fiaba de su guardián y le dedicaba palabras y sonrisas cariñosas agradecida de su compañía. Andaba con paso firme, segura de sí misma, a pesar de poder dudar de cada paso que daba. Sus ojos blancos al descubierto brillaban como si se sintiera afortunada.
No la conozco de nada, solo un día me ofrecí a echarle una mano cuando vi su perro inquieto y desorientado. Ella me contestó que el pobre tenía hambre y era ya muy tarde, se había entretenido más de la cuenta y ya deberían estar los dos tranquilamente en casa. Establecimos conversación.
Hoy la he vuelto a ver, pero no era tarde. Hacía el mismo trayecto, se iba a casa. Y después de un rato, la he alcanzado. Su perro no estaba inquieto ni desorientado, simplemente cansado. No quería levantarse para cruzar. Ella intentaba convencerle con una sonrisa, y yo no he podido evitar colaborar. Al escuchar mi voz ella, sin verme, me ha reconocido. Recordaba el camino que hicimos, y las tonterías que hablamos. Me ha dicho que al no ver, escucha mucho y su memoria se ha vuelto infalible.
No me ha visto nunca, me ha escuchado una sola vez, y me ha reconocido.
Y yo he pensado en ti.

¿Me reconocerías tu?