Llevaba días en su casa, con las puertas cerradas y sin poder salir. Lo bueno de ese hermetismo es que si no se puede salir, nada ni nadie puede entrar. Puede que de eso se tratara. Por detalles que ahora no vienen a cuento, las puertas se fueron cerrando una a una, parecía que la corriente de aire decidía que eso era lo mejor. Después fueron cerrándose las ventanas, y cualquier contacto con el exterior se volvió imposible. Ni siquiera entraba un rayo de luz valiente a observar que pasaba ahí dentro. Pero eso no le importaba, o si, pero sentía que era lo que tocaba. Era la hora…las horas. Su cuerpo en ese espacio y tiempo se iba trasformando en un ser arisco. En su cara apareció un color grisáceo, unos ojos vacíos sin rastro de su anterior luz, y unos colmillos puntiagudos crecían cada vez más. Su cuerpo había envejecido considerablemente por la falta de oxígeno, y su espalda se enroscaba. Las arrugas se asomaban de entre los desgarrados trapos que llevaba como vestimenta. Sus manos, de dedos largos y finos, de uñas largas, se habían vuelto torpes y rompían todo aquello que pretendía tocar. Sabía que lo único que le quedaba era morir. Se estaba volviendo en alguien realmente repugnante. Había intentado evitarlo, buscó soluciones, y lo único que consiguió fue romper un poco el cristal de la ventana de su habitación. Un agujero, del tamaño de su dedo meñique, permitía el paso ridículo de aire. Eso es mejor que nada, pero sabía que no era suficiente. Exhausto y resignado se tumbó en su cama a esperar. En su último suspiro solo algo de su cuerpo cambió. Sus ojos volvieron a brillar. Tocaba descansar.
HISTORIA DE SAN VALENTIN: EL PRINCIPITO, LA GATA, LA LONCHA Y LA PUERTA
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*Mito *y yo somos dos solitarios, hemos constituido una familia de dos y
las perspectivas dicen que eso no cambiará, como mucho la familia podría
dividir...
Hace 5 años